Notas #1

Quería escribirte los versos más hermosos del mundo
Sin embargo
tus labios me han dejado mudo.
Quería que fueses mi musa
Sin embargo
aun contaminas estas letras sucias
Quería desearte con eterna locura
Sin embargo
Tu insistes en la cordura
Quería que mi corazón fuese tu casa
Sin embargo
La mudanza de tu amor fue una farsa
Quería morir por ti
Sin embargo
Me sepultaste junto al triste jazmín
Al final quería el olvido otorgarte
Sin embargo
A estas líneas inspiraste.

Un miércoles, lluvioso, el cielo se vestía con su elegante abrigo gris. El clima era fresco, la brisa de la lluvia cobijaba los pómulos y me besaba suavemente en los labios entreabiertos, anunciaba las tormentas del gélido invierno. La esperanza de ver al otro día un manto de nieve que cubriera la ciudad, siempre existía. Pero ese miércoles, fue inolvidable, no por el clima del día, sino por aquella niña de un cabello hermoso, color café como el dulce de sus ojos, de peinado corto como su edad, pero una belleza increíble que emanaba en cada rincón de su silueta, su andar cual bella melodía musical en espléndida armonía. Me quede atónito, perplejo, como si su presencia consumiera la vitalidad de mi ser, inmortalizaba mis sentidos, entonces… sucedió, viro su pupilas hacia lo más profundo de mi cuerpo, cual lunas clandestinas en el páramo universo, con un movimiento sigiloso pero lleno de un estruendo subversivo, me vi esquivo a su mortal mirar, escondiendo súbitamente mi mirada como escondía mi corazón avergonzado. Aquel pequeño ser, dejo devastado los cimientos de mi alma, sucumbió mi gélido y taciturno corazón, ensordeció y otorgo un suave mutismo a mi fe, desvanecí ante el arrullo de voz, fallecí, me enamore.(L.S.)
Camine lentamente hacia el abismo. Fueron kilómetros de lenta agonía, alucinando esperanzas. Tocando las vanas esperanzas. Eran hologramas ilusorios de una prometedora vida. De momento, un estruendo. Seguía el intenso ruido, me carcomia las entrañas, perecían las esperanzas. Otro momento, otro estruendo, cada vez más, hasta agotar el silencio. Muerte de ilusorias ganas. En el juego solo existía un creyente. Simplemente nada más. Hasta la escritura es corta. Detesto el cielo. Detesto esto. Voltee hacia el oscuro, mire agonizantemente, percibí la caída. Sentí la perceptual muerte. Nunca la caída. ¿Morí? Quizás solo es la simple salida. Pero (…)

Paso un trago de saliba, se ahogo. Uno mas, el ahogo de nuevo comenzó. Nos atragantamos de recuerdos y nos asfixiamos entre copas de nostálgico alcohol. Bebió una, dos, tres… hasta arrebatarnos en el éxtasis del apasionado exceso. Murmullo, movió lentamente el aire, dulcemente, movia los labios provocando hiriente lenguaje. Meneaba el té. Miraba desolada, una y otra vez. Sus ojos eran la soledad misma, producto de la identificaciones. Perdía, y a la vez encontraba otra mirada, no era la misma, yacía sin vida. Le perdí un momento, dos, quizás tres, no importa, le perdí en su andar. Latencia amistosa. Cruel y dulce. En un encuentro. En dos, quizás tres. Nos perdimos los encuentros, uno… ya ni uno más. Me quedo con mi desenvainada soledad y el simple recuerdo de tu encuentro.
Me hizo pensar en la muerte, no dejo que pensara en nada mas. Me encarcelo, me asfixio, luego ella se suicido. Vi caer toda su inmensidad, las pupilas se cristalizaron y no quedo nada mas, perdió el mirar. Perdí su mirada una vez mas. Su aliento sugirió la razón, ella solo voló hacia la atormentadora imaginación. Su voz se fundió con la armonía de su ser, murió, la vi morir. Contuve las lagrimas, en realidad no me provoco el desvali(miento) del corazón. Solo quede admirado ante el acto, Solo quede. Ahí quede solo. Llego ella, nos miramos, me dio la espalda y volteo una vez mas. No dijo palabra alguna, su mirada fría remitía al fin. Me dejo a mi amiga, la soledad.




